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Teoría | Los colores del cielo

El cielo no sólo es azul, también puede ser gris, violeta, rojo, anaranjado, y cambia constantemente de tonalidad. Quienes solemos madrugar somos testigos de amaneceres sorprendentes y de una luz proveniente del sol que no se repite más.

¿A qué se deben los colores que vemos en el cielo? ¿Por qué el crepúsculo matutino suele ser más violeta y el crepúsculo vespertino más rojizo?

Empecemos por lo básico. La luz del sol que percibimos como luz blanca en realidad está compuesta por un amplio espectro de colores que combinados entre sí hacen que la veamos como tal. De este espectro el ojo humano es capaz de percibir una pequeña fracción que va del violeta (ondas más cortas) al rojo (ondas más largas).

Por su parte la atmósfera terrestre, nuestro cielo, está compuesto por varias moléculas gaseosas, un 21% de oxígeno, un 78% de nitrógeno, un 1% de argón, vapor de agua, etc y a ello hay que sumarle partículas de polvo, cenizas… entre otras.

Cuando la luz viaja en el espacio tiene un recorrido en línea recta, viaja en el vacío y no hay nada que lo impida, pero al penetrar en nuestra atmósfera la situación cambia.

La luz del sol al chocar con partículas de polvo o gotas de agua que tienen una dimensión mayor a la longitud de onda del espectro visible son reflejadas o dirigidas hacia otra dirección sin cambiar su color. Sin embargo, cuando estas longitudes de onda chocan con moléculas gaseosas que sí presentan un tamaño menor sufren una dispersión.

La dispersión de Rayleigh, nombre que se le da en honor al físico Lord John Rayleigh que lo estudió en 1870, es en resumen la dispersión de la luz visible por partículas de menor tamaño que la longitud de onda y es la principal razón por la cual vemos diferentes colores en el cielo.

La dispersión de las ondas más cortas (azules) es más común que la de las ondas más largas (rojas) y es por ello que vemos mayoritariamente el cielo azul. Sin embargo, durante el crepúsculo vespertino las ondas atraviesan mucho más espesor de la atmósfera dispersando los fotones azules y haciendo visibles las tonalidades rojizas.

Si bien es difícil predecir tonalidades ahora sabemos que las condiciones medioambientales,  climáticas y la posición de la tierra con respecto al sol afectan directamente el color que vemos en el cielo.

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