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Tecnología | El día que intentamos…

¿Qué pasaría si nuestras noches desaparecieran para dar lugar a un día eterno? Esta idea que parece extraída de un guión de cine fantástico o de un libro de ficción distópica, no estuvo lejos de hacerse realidad.

Hace algunos años en la década de los 90’s un grupo de astrónomos e ingenieros rusos, liderados por Vladimir Syromyatnikov, unieron esfuerzos para convertir por unos segundos la noche en día. El experimento consistió en lanzar un satélite espejo al espacio, capaz de reflejar la luz del sol sobre el lado oscuro de la Tierra.
El 4 de febrero de 1993 el satélite Znamya dirigió un haz de luz, entre dos y tres veces más brillante que la Luna, hacia la Tierra. La prueba tuvo éxito y la luz viajó desde el sur de Francia hasta el oeste de Rusia a una velocidad de 8 km/s.
Znamya en el espacio.

El concepto era válido, pero su costo era bastante elevado y se tuvo que dejar de lado a falta de inversión.

A la fecha y ante la información que he logrado recopilar, sólo ha habido un intento similar, el proyecto Mayak. El pequeño satélite diseñado por ingenieros del Instituto Politécnico de Moscú y creado con fondos crowdfunding, pretendía convertirse en el objeto más luminoso del cielo nocturno después de la Luna. Mayak tuvo una oportunidad el pasado 14 de julio, pero no llegó a desplegar su reflector tetraédrico.

 

Fotomontaje de Mayak en el espacio.
Más allá de la exagerada inversión y de las buenas campañas de publicidad, es preocupante que aún conociendo los efectos de la contaminación lumínica sobre la flora, fauna y nuestra salud, insistamos en interferir en los ciclos naturales. ¿Qué hay detrás de tan millonaria inversión?

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