Luz + Arte | Mark Rothko en la Tate Modern

Mark Rothko era uno de esos artistas que cuidaba hasta el más mínimo detalle de su obra. El formato, los colores, su técnica, el material y también, su exhibición.

 

En el caso de sus obras expuestas en la Tate Modern de Londres, percibimos instantáneamente un contraste importante respecto a la iluminación exterior y de otras salas.

Ingresamos a una habitación compacta, con unos murales oscuros, de un formato muy grande y de ligeros contrastes. Su iluminación nos invita a permanecer en silencio y a ser completamente absorbidos por estos objetos de contemplación.

 

La historia detrás de estos murales es la siguiente. En 1950 el restaurante Four Seasons, ubicado en el edificio Seagram en Park Avenue de Nueva York, le encargó pintar una serie. Recreando las dimensiones y condiciones del lugar, montó un andamio con las medidas exactas y empezó la empezó a crear. Tomando como referencia la Biblioteca Laurenciana de Miguel Angel, de puertas y ventanas tapiadas, logra transmitir aquella sensación de encierro.

 

Algún tiempo después y fastidiado por la clientela que acudía a este restaurante, decide que su obra jamás será expuesta en él y dona una parte a la Tate Gallery de Londres.

Si bien su obra no acabó en el lugar para el cual había sido concebida, y por una experiencia previa en la Universidad de Harvard donde sus obras fueron sobrexpuestas a la luz del sol, hoy se exhiben como el lo quería. Con luz controlada y en un ambiente compacto.

Como espectadores no nos queda más que percibirlo con una actitud solemne y en un estado de profunda meditación.

 

«No son pintura; he hecho un lugar.»

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